lunes, 14 de abril de 2014

La historia de un ajo

Este fin de semana lo hemos pasado en el pueblo, no hay nada mejor como salir el fin de semana, ir al pueblo, cambiar de aires y dejar a los peques que campen a sus anchas por allí.
Como ya es primavera y el sol empieza a dejarnos disfrutar de tiempo en el jardín, hemos aprovechado para plantar cositas , llenar todo de flores y limpiar los restos que aún nos quedaban del otoño (o esa , por lo menos, era la idea inicial).
En mitad de nuestra tarea de jardinería nos hemos encontrado en la cocina unos lindos ajos con raíz y se me ha ocurrido (más bien a la "abita" que es peor que ellos) que sería divertido plantarlos y que los nenes vieran todo el proceso de crecimiento.

Éste es el aspecto de un ajo cuando se puede plantar.
Bien pues preparamos todos los utensilios necesarios, los ajos, agua, un palo para hacer los agujeros y un rincón apropiado.
Una vez que está todo listo...¡manos a la obra!. Con el palo agujereamos la tierra (también se puede con la mano, pero ya sabéis lo que le gusta a los críos un palo), metemos en cada hoyo un ajo y lo tapamos con tierra, dejando a la vista la parte verde que se ve por arriba, presionamos con las manos y listo.

Lo que les gusta la tierra oye.
Una vez plantado queda lo más divertido, ¡El agua! ay que ver que peligro tiene el agua con los niños.
Regamos bien nuestro plantel y a cuidarlo y mimarlo para ver como crecen.
Algún día os convertiréis en un exquisito revuelto de ajetes queridos.


Y como ya he explicado el agua tiene mucho peligro y una cosa lleva a la otra, y la otra a la una y terminamos en la bañera, la ropa en la lavadora llena, llena de barro, las zapatillas irreconocibles y una sonrisilla de pillin que me los como a bocaos.



Y para los incrédulos que creen que María no estaba en el ajo( nunca mejor dicho) ahí va la prueba gráfica...


Quitándole las zapatillas a su prima, que no se las manche. Porque bicho mucho, pero curiosa también.
Y no se me ocurre una forma más divertida de librarme de quitar hierba que viendo disfrutar a los niños con el barro. Eso sí el jardín quedó a medias, ¡que pena! tendremos que ir otra vez a terminar...

Filosofia Merybunda: disfrutar del aire libre, del barro, del placer puro y duro de llenarse de porquería y permitirles por un día ser completamente libres.
Como siempre espero que os guste, que os ayude en algo (aunque sea a plantar un ajo en una maceta de un modesto balcón de piso) y que por supuesto me sigáis leyendo.